En la mañana de este Jueves Santo, día de la Institución del Sacerdocio y la Eucaristía, se celebró la Misa Crismal en la Parroquia Sagrada Familia de Nazaret, ubicada en el barrio La Blanca de Ciudad del Este. La celebración fue presidida por el obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, Mons. Pedro Collar Noguera, y contó con la concelebración de todos los sacerdotes de la diócesis.

La Misa Crismal se realizó esta vez en la mencionada parroquia debido a que el edificio de la Catedral sufrió un siniestro en el mes de febrero y aún no se encuentra en condiciones para recibir a la feligresía.
Durante la celebración se bendijeron los óleos y se consagró el Crisma, y los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales. En su homilía, Mons. Pedro invitó a la reflexión sobre la identidad y la misión del sacerdocio en el mundo actual.

El obispo subrayó que el sacerdocio es ante todo un don recibido, no un logro personal. «El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo y el más necio si Jesús no lo instruye», afirmó, convocando a los presbiteros a alejarse de la soberbia y la autosuficiencia.
Mons. Pedro habló también sobre lo que denominó la «segunda unción», esos momentos de crisis o inflexión en la vida sacerdotal en los que se debe optar definitivamente por la santidad y la caridad, superando la mediocridad y el clericalismo.

Sinodalidad y fraternidad sacerdotal
El prelado destacó el rol insustituible de los laicos en la evangelización y llamó a construir una Iglesia sinodal, donde sacerdotes y fieles caminen juntos. Citando la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, recordó que los carismas del Espíritu Santo están dados para el bien de toda la comunidad eclesial, y que «en la comunión, aunque duela, es donde un carisma se vuelve auténtica y misteriosamente fecundo».
Asimismo, hizo un llamado especial a cultivar la fraternidad sacerdotal, especialmente en favor de los sacerdotes más jóvenes y de los ancianos marcados por la enfermedad, advirtiendo que sin oración y apoyo mutuo «corremos el riesgo de secarnos y convertirnos en meros administradores».
Formación permanente y misión en salida
Hacia el final de su homilía, Mons. Collar Noguera subrayó, en sintonía con las orientaciones del Papa León XIV, que la formación sacerdotal no puede reducirse a un período académico, sino que es una necesidad permanente que busca renovar el ministerio a través de una amistad personal con Cristo.
El obispo concluyó encomendando el ministerio sacerdotal a la Virgen María, madre de los sacerdotes, y con una invitación a continuar el camino juntos: «¡Feliz día del sacerdocio! Sigamos caminando juntos en la alegría de nuestra vocación.»









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