Fueron ordenados dos nuevos sacerdotes en la Parroquia Esp. Santo

En una solemne liturgia celebrada este sábado 18 de abril en la Parroquia Espíritu Santo (Área 4), la Diócesis de Ciudad del Este fue testigo de la ordenación presbiteral de Joel Ireneo Benítez y Blas Oviedo. La ceremonia, presidida por el obispo diocesano, Mons. Pedro Collar Noguera, contó con la participación de sacerdotes del clero local, invitados especiales como el Pbro. Domingo Savio (Rector del Seminario Mayor Nacional), religiosos y una numerosa concurrencia de fieles.

Un llamado que nace del misterio

Durante su homilía, Mons. Collar recordó a los nuevos presbíteros que su vocación no es una «ambición humana ni una carrera de prestigio», sino un don que brota directamente del Corazón de Cristo para la salvación del mundo. Citando el Evangelio en español y guaraní, enfatizó la iniciativa divina: «No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes».

El prelado hizo especial hincapié en la identidad del sacerdote dentro del presbiterio, señalando que el ministerio no debe vivirse de forma aislada. «En la unidad del presbiterio se refleja la gloria de Dios», afirmó, instando a los ordenados a buscar siempre el apoyo de sus hermanos sacerdotes.

El sacrificio de «desaparecer»

Uno de los momentos más profundos de la homilía fue la exhortación sobre la vida eucarística. Mons. Collar explicó que la existencia del sacerdote debe convertirse en «pan partido y sangre derramada».

«Cada vez que celebren la Misa, deben desaparecer para que Cristo aparezca, dejando que el sacrificio de la Cruz impregne su propia existencia».

Pastores con «olor a oveja» y ministros de misericordia

Siguiendo las enseñanzas del Papa Francisco, el Obispo instó a Joel y Blas a ser pastores con «olor a oveja», evitando ser «sacerdotes de escritorio». Los llamó a ser la voz de los pobres y excluidos, y a no temer «entrar en el dolor del otro».

Asimismo, les confió el sacramento de la Reconciliación, pidiéndoles ser «instrumentos dóciles» y mostrarse indulgentes con quienes yerran, reconociendo su propia fragilidad humana.

Valores del ministerio: Celibato, Obediencia y Oración

Mons. Collar también abordó los pilares de la vida sacerdotal:

  • Celibato: Lo definió como una «libertad que ama sin poseer», una paternidad espiritual que permite un corazón indiviso para el servicio.
  • Obediencia: Recordó que este valor es de primordial importancia, pues une al sacerdote al sacrificio de Jesús en la Cruz.
  • Oración: Advirtió que «un sacerdote que no se arrodilla no podrá levantar a los caídos», señalando la oración como la única garantía de alegría y fecundidad espiritual.

Una Iglesia sinodal

Finalmente, el Obispo animó a los nuevos presbíteros a promover la sinodalidad, reconociendo al laico como un sujeto de evangelización insustituible. «La sinodalidad es el antídoto contra la autorreferencialidad», concluyó, antes de encomendar el ministerio de ambos a la protección de la Virgen María.

Posterior a la santa comunión, los nuevos sacerdotes dieron gracias a Dios por la vocación; al Obispo, formadores, sacerdotes y familiares por el acompañamiento y apoyo, como así también a los fieles de las parroquias en donde realizaron sus pastorales.

La celebración finalizó en un clima de profunda emoción, con el saludo de los familiares, incluyendo a los padres de los nuevos sacerdotes, y la comunidad presente.

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