La Misa central fue presidida por Mons. Pedro Collar Noguera, en una celebración que este año coincidió con la Solemnidad de Pentecostés
Bajo el cielo del Alto Paraná y frente al templo de María Auxiliadora, en el km. 20 de Minga Guazú, cientos de fieles se congregaron este domingo desde las primeras horas de la mañana para celebrar la fiesta de la Patrona del Agro del Alto Paraná. A las 08:00 arrancó la Misa central, presidida por Monseñor Pedro Collar Noguera, Obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, acompañado por sacerdotes salesianos.

La celebración reunió a autoridades de la comunidad, familias del campo y fieles llegados desde distintos puntos del Alto Paraná, muchos de ellos para cumplir promesas y pagar favores a los pies de la «Auxiliadora de los Cristianos».
Una fiesta doblemente significativa
Este año la solemnidad de María Auxiliadora adquirió una dimensión especial al coincidir con Pentecostés, el día en que la Iglesia celebra la venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles. En su homilía, Mons. Collar Noguera subrayó este vínculo con palabras que resonaron en el corazón de los presentes: «En Minga Guazú sabemos que donde está la Madre, está el Espíritu, y donde está el Espíritu, hay unidad y fuerza para afrontar los tiempos difíciles.»

La celebración se enmarca además en el Año dedicado al Bien Común, bajo el lema evangélico «Denles ustedes mismos de comer», que el Obispo desarrolló como hilo conductor de toda su predicación, conectando la fe mariana con el compromiso social y la realidad concreta del campo paraguayo.
El campo, los pobres y la riqueza de la tierra
En uno de los pasajes más vigorosos de su homilía, el Obispo dirigió su palabra directamente a los productores y empresarios presentes, exhortándolos a «practicar una economía con rostro humano, que priorice el empleo digno y el cuidado de la casa común.» Recordó que los bienes de la tierra —el agua, el suelo fértil, el aire— son bienes comunes destinados al beneficio de todos, y que la propiedad privada debe cumplir siempre una función social.
«¡Que la riqueza de nuestra tierra llegue a las mesas de los más pobres!», exclamó Mons. Collar Noguera ante una feligresía que escuchaba atenta.

También hizo un llamado firme contra la corrupción, calificándola de «pecado grave que roba a los pobres y desvía recursos de la salud y la educación», e instó a los ciudadanos a participar con conciencia cívica y a votar con honestidad.
Gestos de ternura pastoral que marcaron la celebración
La Misa no fue solo palabra y sacramento: fue también un momento de ternura y cercanía. En medio de la celebración, Mons. Collar Noguera invitó a las personas en silla de ruedas a acercarse para recibir una bendición especial, y convocó a representantes de la comunidad a abrazarlas, convirtiendo ese instante en uno de los más emotivos de la mañana.

Luego de la Comunión, el Obispo también pidió que se pusieran de pie los matrimonios, las viudas y los jóvenes, a quienes bendijo de manera particular, reconociendo las distintas realidades y vocaciones que conviven dentro de la familia parroquial.
Minga Guazú: una comunidad nacida del espíritu de la Minga
Mons. Collar Noguera recordó el profundo significado del nombre de esta ciudad: «Minga Guazú nació con la ayuda mutua en medio de la selva. Eso es lo que significa MINGA.» Conectando ese origen histórico con la espiritualidad salesiana, señaló que la devoción a María Auxiliadora no es una piedad solitaria, sino una pastoral activa y social: «Don Bosco nos enseñó que ser devoto de la Auxiliadora implica aprender a auxiliar al prójimo.»

Cierre de la celebración
La Misa concluyó con las invocaciones que el Obispo elevó en nombre de toda la comunidad: «¡María Auxiliadora, ruega por nosotros! ¡Espíritu Santo, renueva la faz de nuestra tierra!» Las palabras se fundieron con el canto de los fieles y el fervor de quienes, año tras año, peregrinan hasta el km. 20 para renovar su fe bajo el manto de la Madre que, desde el Alto Paraná, cuida los surcos de la tierra y los hogares de su pueblo.
















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