La jornada comenzó al amanecer con la bendición de las palmas frente a la explanada de la Catedral, seguida de una procesión y la celebración de la Santa Misa. En su homilía, el obispo llamó a vivir la Semana Santa con humildad, fidelidad y servicio.
Desde las 06:30 de la mañana, la feligresía se congregó frente a la explanada de la Catedral para dar inicio al Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa.

Concluida la bendición, los presentes fueron en procesión hasta el salón auditorio que actualmente se usa como capilla, donde se llevó a cabo la Santa Misa. La Eucaristía fue presidida por Mons. Pedro Collar Noguera y concelebrada por el Pbro. Darío Britos, cura párroco de la Parroquia San Blas.

Humildad, entrega y Semana Santa con fruto
Durante su homilía, Mons. Pedro reflexionó sobre la dualidad de esta liturgia: el júbilo de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y el peso del relato de su Pasión y Muerte. Señaló que el Domingo de Ramos revela ante todo el «estilo de Dios»: Jesús entra en la ciudad no en caballo de guerra, sino sobre una humilde asna, presentándose como un rey justo y pacífico que no impone su Reino por la violencia, sino por el abajamiento y la sencillez.

Al referirse al grito de Jesús en la cruz —«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»— el obispo subrayó que esas palabras no son de derrota, sino de solidaridad total: «Jesús quiso experimentar el abismo de la soledad y el abandono para que nadie, cuando se encuentre en un callejón sin salida o sienta que Dios no responde, se sienta solo. Él ya estuvo allí por nosotros.»
Mons. propuso cinco actitudes para vivir la Semana Santa con verdadero fruto espiritual: sencillez, para reconocer a Cristo como el verdadero Mesías; ser protagonistas del relato de la Pasión y no meros espectadores; renuncia a la mundanidad en favor del servicio silencioso a los más vulnerables; identificar la propia cruz con la de Cristo, viviendo los dolores cotidianos con serenidad, esperanza y fidelidad, recordando que «Dios no nos pide el éxito de nuestra vida, nos pide fidelidad».
Al concluir, el prelado invitó a los fieles a aprovechar estos días para orar en familia, reconciliarse entre hermanos, visitar a los presos, confesarse y participar en las celebraciones litúrgicas programadas, de modo que la Semana Santa sea «verdaderamente valorada, vivida e inolvidable». Encomendó la jornada a María, a quien llamó «la Madre dolorosa», pidiéndole que enseñe a los creyentes a acompañar a Jesús en cada paso del camino hacia la Resurrección.
Fotos: La Casita de la Rosa Mística (Gentileza).


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