Miles de fieles elevan su voz al cielo en una noche de adoración y música en Mallorquín

La víspera de Pentecostés se convirtió en escenario de gracia: el concierto de la Misión Cielo Abierto reunió al pueblo de Dios bajo el cielo y ante Jesús Eucaristía.

En la víspera de Pentecostés, cuando el corazón de la Iglesia se prepara para recibir la efusión del Espíritu Santo, el estadio Ka’arendy de Juan León Mallorquín se transformó en un templo a cielo abierto. Fue el sábado 23 de mayo desde las 18:00 horas, y lo que allí ocurrió difícilmente quedará en el olvido de quienes lo vivieron.

Una multitud de fieles colmó las instalaciones deportivas para participar en el gran concierto de adoración de Cielo Abierto, una celebración que contó con la presencia entrañable de Mons. Pedro Collar Noguera, Obispo de la Diócesis, quien presidió y sostuvo a Jesús Eucaristía en esta noche de encuentro con Jesús.

Cristo Eucaristía recorrió el campo en procesión solemne, bendiciendo a los fieles de manos del Obispo, Mons. Pedro Collar y del párroco P. Lamberto Asten — un instante que detuvo el tiempo y llenó de lágrimas muchos ojos.

La animación estuvo a cargo de un elenco de músicos católicos de primer nivel internacional, convocados desde distintos rincones del continente para hacer resonar las alabanzas al Señor: desde Colombia, Ana Bolivar; el dominicano Joel Antigua; el dúo paraguayo Ítala y Juanjo y desde México Pedro González y Cristal Domínguez.

Cada acorde, cada melodía, cada himno entonado fue una ofrenda viva a Jesús Eucaristía. La música no fue entretenimiento: fue oración. Fue el pueblo de Dios hablando a su Señor con el lenguaje universal del canto, bajo un cielo que esa noche parecía verdaderamente abierto.

El escenario, imponente en su montaje técnico y luminoso sirvió de marco digno a un acontecimiento que fue, ante todo, un encuentro espiritual. Todo contribuyó — la música, el lugar, la multitud reunida en fe — a que cada corazón se sintiese tocado por la presencia viva del Señor.

La Misión Cielo Abierto deja en la memoria de esta diócesis una noche luminosa, una confirmación de que la fe en Paraguay vive, canta y adora. Que el Espíritu Santo, invocado con tanto fervor en vísperas de su fiesta, siga soplando con fuerza sobre esta tierra.

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