Mons. Pedro presidió la Vigilia Pascual en la Catedral: «La oscuridad no tiene la última palabra»

Mons. Pedro Collar, Obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, celebró la Misa de Vigilia Pascual en la Parroquia San Blas y llamó a los fieles a ser luz, instrumentos de paz y constructores del bien común en un mundo marcado por la violencia y la injusticia.

El Obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, Mons. Pedro Collar, presidió este sábado la Misa de Vigilia Pascual a las 19:00 horas en la Parroquia San Blas, Catedral, en el marco de la celebración más importante del año litúrgico cristiano. Ante la comunidad reunida, el prelado proclamó la Resurrección de Cristo como el acontecimiento que «transfigura nuestra historia y abre un horizonte de esperanza plena».

En su homilía, Collar condujo a los presentes a través de un extenso recorrido por la historia de la salvación. Desde la creación del mundo narrada en el Génesis hasta el relato del sepulcro vacío en el Evangelio, el obispo subrayó cómo Dios actúa siempre a favor de la vida: la fe de Abrahán en el monte Moria, la liberación del pueblo en el Mar Rojo, y las promesas de los profetas Isaías, Baruc y Ezequiel se presentaron como prefiguraciones de la Pascua de Cristo.

Bautismo y misión eclesial

La renovación de las promesas bautismales ocupó un lugar central en la celebración. Mons. Collar recordó las palabras de San Pablo en la Epístola a los Romanos: por el Bautismo, los fieles son sepultados con Cristo para llevar una vida nueva. En ese contexto, el obispo destacó la labor del Camino Neocatecumenal en la redivinización de los bautizados, pero advirtió que todo carisma debe vivirse en comunión con el cuerpo eclesial, «bajo la guía de los obispos y en las parroquias», sin que ninguna misión se coloque por encima de la caridad que armoniza a todos.

Luz, paz y bien común

En la última parte de su homilía, el prelado convocó a los fieles a encarnar la esperanza pascual en la vida cotidiana. Señaló como signos de la oscuridad «la mentira, la corrupción, la división, la desigualdad y la injusticia que genera pobreza extrema», y como signos de vida «la comunión, la verdad, la fraternidad, la justicia y el amor». En el marco del año diocesano dedicado al bien común, Collar invitó a comprometerse con acciones concretas en el hogar, el vecindario, las escuelas y las capillas.

El obispo cerró su mensaje con una petición a los fieles: «Que la alegría de la resurrección transfigure nuestra historia y nos haga capaces de llevar su esperanza a cada rincón de la humanidad.» La celebración culminó con el canto del Aleluya y la bendición solemne pascual.

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