La Fiesta de Santa Mónica y San Pío X: Un llamado a la esperanza y a la sinodalidad

Con motivo del novenario a Santa Mónica, el pasado 21 de agosto, Mons. Pedro Collar presidió la Santa Misa en la Capilla Santa Mónica del km. 13, Minga Guazú. En su homilía, recordó a San Pío X, patrono de los catequistas, en un encuentro de oración y gratitud. El obispo también lamentó la situación de muchos indígenas que son despojados de sus tierras

Durante su homilía, Mons. Collar se centró en la importancia de los catequistas como «portadores de esperanza». Dirigiéndose a ellos, expresó su profunda gratitud por su labor, calificándolos como «el corazón que vibra de amor por Cristo», las manos y los ojos que cooperan para transmitir el Evangelio. El obispo destacó que, sin su trabajo, la misión de sacerdotes y religiosos sería insuficiente.

La homilía también hizo hincapié en el concepto de sinodalidad, un tema central en la Iglesia actual. Según el obispo, el novenario es un claro ejemplo de este principio, ya que fomenta el encuentro y el caminar juntos de fieles y pastores. «Este caminar juntos es lo que genera comunión, alegría y esperanza», afirmó Mons. Collar.

En un contexto de guerras, migraciones, pobreza y violencia, el obispo subrayó que el papel del catequista es más vital que nunca, actuando como una fuente de esperanza para quienes buscan un sentido a la vida. Destacó la necesidad de una formación continua para los catequistas, para que su fe se mantenga sólida y puedan ser un signo de esperanza efectivo.


La Catequesis como Camino Sinodal

El obispo, Mons. Pedro Collar, también reflexionó sobre la catequesis, como una «Iniciación a la Vida Cristiana» que promueve una mentalidad sinodal. Alienta a todos los miembros de la comunidad a participar activamente, compartiendo experiencias y discerniendo juntos cómo responder al llamado de Cristo. En este sentido, la catequesis no busca la uniformidad, sino que valora y resalta los dones individuales que Dios ha confiado a cada persona.

En su mensaje, el prelado hizo un llamado a los catequistas a entender su ministerio como una vocación de servicio a la comunidad. «Si eres catequista, no eres catequista por ti, eres catequista por servir a la comunidad», expresó. Su rol es vital para fortalecer la fe de los bautizados, acompañando a niños, jóvenes y adultos en su camino de fe y construyendo una nueva humanidad centrada en Cristo.


Un Grito de Esperanza para los Pueblos Indígenas

Un punto culminante de la homilía fue el llamado del obispo a ser «peregrinos de esperanza» para los hermanos indígenas. Mons. Collar lamentó la situación de los pueblos originarios, que a menudo son despojados de sus tierras, despreciados y marginados. Hizo un llamado a la comunidad a abrir sus corazones y a ser compasivos y acogedores.

«Pongamos todo lo que está a nuestro alcance para dignificar a los hermanos indígenas», instó el obispo, abogando por un camino de igualdad en oportunidades de vida, trabajo, educación, tierra y vivienda. Su deseo es que el Reino de Dios se haga realidad en la ciudad, en el país y en el mundo.

Finalmente, Mons. Collar instó a los catequistas a renovar su compromiso, su audacia y su fe. Concluyó pidiendo la intercesión de San Pío X y la Virgen María para que bendigan la generosidad y el sacrificio de los catequistas, quienes con su labor transmiten esperanza.

La celebración del novenario continuará en los próximos días, preparando a la comunidad para la fiesta de Santa Mónica, el próximo 27 de agosto.

Fotos: Gentileza, Fausto Pereira.

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