Obispo de Puerto Iguazú reflexiona sobre el servicio al prójimo en el sexto día del novenario a San Blas

El obispo de Puerto Iguazú abordó el Evangelio de la curación de la suegra de Pedro como metáfora de la transformación personal durante la celebración en honor al santo patrono.

En el marco del sexto día del novenario en honor a San Blas, patrono de Ciudad del Este y el Paraguay, Monseñor Nicolás Baisi presidió la celebración eucarística y ofreció una profunda reflexión sobre el pasaje evangélico de la curación de la suegra de Pedro, un episodio que, aunque aparentemente menor, encierra profundas enseñanzas sobre la vida comunitaria y el servicio a los demás.

(De Izquierda a derecha) Mons. Vincenzo Turturro, Nuncio, Mons. Pedro Collar, Obispo de CDE y Mons. NIcolás Baisi, Obispo de Iguazú.

El evangelio del día narraba cómo Jesús, tras asistir a la sinagoga con sus discípulos, visitó la casa de Simón Pedro, donde la suegra de este yacía enferma con fiebre. Según el relato, Jesús la curó y ella inmediatamente se levantó para servirles. Este milagro, presente en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, fue el punto de partida para la homilía del obispo, quien destacó la relevancia de este episodio en el contexto de la festividad de San Blas.

La Iglesia como espacio de sanación

Monseñor Baisi destacó que la casa de Pedro representa simbólicamente a la Iglesia, como el lugar donde se produce la verdadera curación. El obispo enfatizó que es en la comunidad de fe donde los creyentes encuentran sanación para sus dolencias espirituales, sus angustias y soledades.

Del encuentro a la comunión

Un aspecto destacado de la reflexión fue la importancia de la comunidad más allá del simple acto de rezar. El obispo subrayó cómo los discípulos, después de escuchar la palabra de Dios en la sinagoga, compartieron la comida en casa de Pedro, mostrando que la fe genera una unidad que trasciende lo puramente espiritual.

La unidad en la fe trae la unidad social también y nuestra unidad familiar explicó Monseñor Baisi. Nos hacemos familia de Dios y compartimos como familia.

Levantarse para servir

El núcleo del mensaje se centró en la transformación que experimenta la suegra de Pedro: de estar postrada por la enfermedad a levantarse para servir a los demás. Esta transición fue presentada por el obispo como una metáfora del proceso de sanación espiritual que debe experimentar todo creyente.

La homilía destacó diversos obstáculos que impiden a las personas ponerse al servicio de otros: el egoísmo, el rencor, el miedo al fracaso o al compromiso. ;Estamos postrados aunque vivimos y respiramos, señaló Monseñor Baisi, invitando a los fieles a pedir ayuda divina para superar estas parálisis espirituales.

El agua viva que fluye

Utilizando la metáfora del agua viva que Jesús ofreció a la samaritana, el obispo explicó que, al igual que el agua corriente se mantiene fresca y potable mientras el agua estancada se pudre, los dones recibidos de Dios deben fluir hacia los demás para mantener su vitalidad espiritual.

Si todo lo que recibimos no lo ponemos al servicio de los demás, se estanca en nosotros, advirtió el prelado. Tenemos que buscar dónde podemos hacer que esos dones del Señor fructifiquen.

El costo del amor verdadero

La homilía concluyó recordando que la curación que Jesús ofrece no viene sin costo. Citando el pasaje que menciona cómo Cristo cargó sobre sí nuestras debilidades y enfermedades, Monseñor Baisi enfatizó que la verdadera ayuda al prójimo requiere sacrificio y compromiso.

Ayudar, para Jesús, le costó la vida, reflexionó el obispo. Nos ha curado amando más que nuestras miserias y pecados, perdonando más que nuestros males, siendo más humilde que nuestras soberbias.

La celebración culminó con la invitación del obispo a los fieles a participar de la Eucaristía como el momento culminante donde Cristo entrega su cuerpo y sangre, llamando a cada persona a hacer lo mismo: entregar su vida al servicio de Dios y de los hermanos.

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