Homilía: Domingo  XIII ORDINARIO CICLO B

“Vio Dios que todo era bueno”

Las lecturas que nos ofrece la liturgia de hoy nos llenan de esperanza para enfrentar la vida personal y familiar y el trabajo con fe y fortaleza espiritual. Todas las tres lecturas y el salmo tienen un denominador común que consiste en la infinita bondad de Dios que creó todas las cosas muy buenas.

            Estamos finalizando el mes de junio caracterizado por varias fiestas y celebraciones solemnes, entre ellas la solemnidad de Corpus Cristi, el Sagrado Corazón de Jesús y de María, el nacimiento de san Juan Bautista, y la solemnidad de San Pedro y San Pablo. Todas estas celebraciones iluminan la vida de la Iglesia fortaleciendo a todos para testimoniar el reino de Dios y su justicia.

El libro de la Sabiduría nos recuerda que todo lo que ha sido creado por Dios es santo y bueno, y Él quiere que seamos felices. “Dios no ha hecho la muerte… Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza”

El salmo expresa su profundo agradecimiento porque el amor providente de Dios nos ha salvado en situaciones muy difíciles: “yo te glorifico Señor porque tú me salvaste”.

El apóstol Pablo hace un llamado a la generosidad en la convivencia con nuestros hermanos como respuesta a la infinita generosidad de Jesús para con nosotros. “Espero que también se distingan en generosidad. Ya conocen la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico se hozo pobre por nosotros…”.

En el evangelio, se narra la resurrección de la hija de Jairo. Jesús es Señor de la vida; viene a comunicarnos la vida divina; gracias a su Pascua somos hijos de Dios y coherederos con Él.

1- El hombre y su lugar en la creación

“Dios no hizo la muerte, ni se alegra en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera”. Todo lo que Dios ha creado en la naturaleza, tiene vitalidad y ritmo de transformación y perfeccionamiento constante. El hombre al ser criatura a imagen y semejanza del Creador está puesto como administrador de la fuerza creadora de la naturaleza.

El administrador no es dueño, más bien es uno que cuida sigilosamente lo que se le confió para que no sufra daño y pueda seguir su curso normal según la finalidad con la que fue creado. Todos los elementos que influyen en la ecología, agua, tierra, fuego, aire, etc. son componentes indispensables de la vida sobre la tierra. Todo ello debe ser cuidado para la defensa de la vida del más pequeño hasta del más grande.

Lastimosamente las conocidas acciones de muerte están presentes en la sociedad. Se trata de actitudes enemigas irreconciliables con la cultura de la vida que ve las maravillas en toda la naturaleza como un himno a la sabiduría infinita de Dios que crea la vida. Sin embargo, el hombre con su ambición ha introducido el caos en el proyecto original del creador; está realidad es descrita en el libro de la Sabiduría que la expresa diciendo: “Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen”.

Este pasaje del libro de sabiduría es una alerta para reconocer que el hombre tiene un lugar privilegiado en la creación y, sin embargo, no le está permitido abusar de su capacidad. El lugar del ser humano en la creación implica dejar a Dios en su justo lugar para que Él sea el que determine el quehacer del hombre ante la realidad de la naturaleza creada por Dios. Sólo así, el hombre reconociendo su propia realidad de creatura, va a administrar todo con equilibrio según el mandato del creador. “Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza”.

2- El milagro de la curación

El evangelio nos relata dos milagros realizados por Jesús; la curación de la mujer hemorroisa que con solo tocar el manto de Jesús quedó curada, y  la resurrección de la hija de Jairo jefe de una sinagoga.

Estos hechos revelan la sensibilidad de Jesús ante las necesidades de la gente que están en situaciones límites de dificultades y pobreza.

La figura de la mujer hemorroisa, con toda su experiencia de exclusión por ser considerada impura representa a muchas mujeres que sufren de diversas enfermedades e injusticias en nuestra sociedad: explotación, abusos, maltratos físicos, psicológicos, y verbales, pobreza, la soledad y el frío del abandono. Hay mujeres que trabajan sin ser remuneradas según la justicia, están las enfermas y olvidadas, y existen ancianas ignoradas a su suerte.

A todas ellas Jesús les ofrece su energía curadora a través de su misericordia y amor infinito. Al mismo tiempo la actitud de Jesús es una invitación radical a imitarle buscando siempre todo lo que ennoblece y enaltece la vida de la mujer en la familia, en la sociedad y en la Iglesia.

La hija de Jairo, jefe de la sinagoga, experimenta también la bondad de Jesús. “Al llegar a la casa Jesús dijo: `la niña no está muerta, sino que duerme`, y se burlaban de él”. Cuantas burlas se escuchan al ver a una criatura mendigando en los semáforos; decimos, “estos ya no tienen solución”. Para el que tiene fe en Dios que crea todo de la nada, todo tiene solución si hay voluntad de solucionar. Esta niña, beneficiada del milagro de Jesús, representa a millones de niños y jóvenes que, por diversas circunstancias, están como muertos, y necesitan escuchar una palabra de vida que los saque de la postración en que se encuentran.

Pensemos aquí en el drama de millones de niños que no han conocido la ternura, que no han no han sentido los abrazos afectuosos de un papá o de una mamá que les ofrezcan seguridad y acogida.

Pensemos en la tragedia de millones de niños abusados sexualmente por sus familiares o por sus educadores, y otros que se ven obligados a  recorrer  las calles ofreciendo sus cuerpos como mercancía de consumo para unos adultos empedernidos.

Pensemos en la situación de muerte en la que yacen millones de niños y jóvenes, que han sido inducidos al consumo de drogas por las malas influencias que los han desorientado.

Ayer estuve hablando con el párroco de un barrio pobre de Ciudad del Este. Nuestro dialogo me hizo pensar en la desesperanza de muchos jóvenes en los barrios marginados de nuestras ciudades, que no tienen acceso a una educación de calidad y que no consiguen un trabajo honrado, y les queda dedicarse a limpiar vidrios en los semáforos. ¿Cuántos luego van camino a la delincuencia generando zozobra e inseguridad?

Jairo, el devoto judío, llora la muerte de su hija al igual que muchos padres de familia lloran la muerte física y moral de sus hijos. Igualmente, lloramos por la destrucción y ruina de los niños y jóvenes, atrapados por la pobreza, la violencia, o diversas adicciones. Estos millones de niños y jóvenes esperan oír las palabras de vida: “¡Talitá, kum! ¡Óyeme, niño/niña/joven, levántate”.

Conclusión

Estas palabras que hemos escuchado y reflexionado nos advierten que todo fue creado bueno, sin embargo por envidia del enemigo entró la muerte con intención de destruir la obra de Dios. Seamos fieles testigos de Jesús que vino a vencer la muerte trayendo vida en abundancia, seamos defensores y promotores de una verdadera promoción integral del ser humano y del derecho a una vida digna.  Hagámoslo con la decisión firme de colaborar con las instituciones que trabajan a favor de la ecología, los niños y los jóvenes. Así apoyaremos la construcción de un mundo más humano y cristiano.