Un sí eterno en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas

Mons. Pedro Collar Noguera presidió la Misa de Profesión Solemne de la Hna. Luz María en el Km 12 de Ciudad del Este, donde la religiosa pronunció sus votos perpetuos ante la comunidad carmelita, sus familiares y fieles invitados.

Monasterio de las Carmelitas Descalzas, ubicado en el Km 12 de Ciudad del Este, fue escenario de la Profesión Solemne de la Hermana Luz María del Corazón Inmaculado. La Celebración Eucarística estuvo presidida por Mons. Pedro Collar Noguera, Obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, y contó con la participación de sacerdotes invitados, familiares de la nueva profesa y una nutrida asamblea de fieles.

En su homilía, Mons. Collar articuló su mensaje en torno a tres palabras que, según expresó, brotan tanto del Evangelio según San Juan como de la liturgia escogida para la ocasión: permanecer, acoger y entregar.

Permanecer: la fidelidad como vocación

Tomando como base el pasaje del capítulo quince del Evangelio de Juan —«Permanezcan en mí»—, el Obispo invitó a la Hermana Luz María a echar raíces en un amor que no pasa. «Permanecer no es inmovilidad, es comunión», afirmó Mons. Collar, resaltando que la fidelidad contemplativa sostiene a la Iglesia desde el silencio, especialmente en los momentos de oscuridad espiritual. El prelado subrayó que dicha fidelidad ha de mantenerse tanto en la consolación como en el desierto interior, pues Cristo permanece constante, independientemente de los estados de ánimo de quien le busca.

Acoger: la clausura como hospitalidad

El Obispo describió la vida contemplativa no como huida del mundo, sino como hospitalidad profunda. «Quien contempla no se aparta: se ensancha», señaló, instando a la nueva profesa a acoger en su corazón a toda la Diócesis de Ciudad del Este: sus sacerdotes, familias, enfermos y buscadores de sentido. En ese marco, Mons. Collar invitó también a la Hermana Luz María a abrazar el Carmelo como familia definitiva, donde la santidad se forja en la fidelidad cotidiana y en los gestos pequeños: la escucha atenta, el servicio oculto y el silencio guardado.

Entregar: un sí total

Mons. Pedro destacó que, en un mundo que teme comprometerse y una cultura de lo provisional, la joven religiosa pronunciaba la palabra «eternidad». «Tu clausura no es encierro; es espacio abierto para que Dios sea Dios en ti», concluyó.

Durante la homilía, el prelado también rindió homenaje a la Beata María Felicia de Jesús Sacramentado —conocida como  “Chiquitunga”—, presentándola como fruto espiritual de este mismo Carmelo y como modelo para la nueva profesa. Asimismo, encomendó a la Hermana Luz María a la protección de San Blas, patrono de la Diócesis, y a la intercesión de San Roque González de Santa Cruz, así como a la Virgen de Caacupé y a San José.

La celebración contó además con la presencia de la Hna. María Asunción, Presidenta de la Federación carmelita, y del Padre Carlos Medina, Vicario Regional, entre otros sacerdotes invitados. La Profesión Solemne marca el inicio de la vida perpetuamente consagrada de la Hermana Luz María en el seno de la comunidad del Monasterio de San José.

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